"Cuándo habían comenzado a despedirse? En la cama, cuando ella lo abraaza y le dice en un murmullo: "hoy necesitaba tanto de ser deseada..."?
O, cuando ella con las manos toca su rostro, aún mojado por la lluvia, le mira los ojos y le habla de su obsesión por lo ilimitado? Ella es el Verbo, la Fuerza, la Fuente que mana. El, tierra reseca que de ella y para ella vive.
No salen juntos, él se demora un tanto en pagar el cuarto, la deja ir adelante. Y durante los minutos que él está alejado de ella, todo pirde sentido: el abrir de la billetera, el hablar con el recepcionista, el poner una pierna delante de la otra en acto necesario para la salida de aquella casa donde todo acontece. L fuerza lo abandona. Mas, cuando la ve parada en la acera en su espera, siente que sus brazos sólo existen para abrazarla. Ella lo sabe y se lo dice con la mirada. la acompaña hasta el carro de ella y pide otro beso, poniendo el rostro junto a sus labios. En silencio. Ella comienza a perderse en un mar de ternura que la va sumergiendo. Vacila en entrar al carro, lo quiere acompañar a su carro de él, cien metros más adelante, pero tiene miedo de que él comience a llorar en medio de la vía, tan triste lo ve. le pone la mano en el brazo, leve toque de ternura. Un minuto más para despedirse - una eternidad hecha sufrimiento, sin intercambiar una palabra. E inesperadamente, él dice con voz baja, los ojos mirando al piso: "que Dios me dé fuerza". La empuja ligeramente hacia si y vuelve a murmurar: "que Dios me dé fuerza", cada vez mas perdido en su tristeza.
Todo en ellos es diferente: profesión, familia, vivencia la circunstancia, pero en ese momento sienten el mismo pánico por tener que separarse. "Que Dios nos dé fuerza", no es un pedido de ayuda, es un soliloquio de un desesperado que solo cree en la relación que construyeron. Lo ve doblar la esquina, de hombros caídos. Entra en el carro para hundirse en el llanto. De la nostalgia que ya siente, de la ternura que en ella no cabe. Por saberse prolongada en la falta que él le vá hacer. Él espera que ella arranque para verla una vez más. Pero ella no aparece, por eso él da marcha atrás, para ver lo que sucedió. Y la ve llorar dentro del carro, las manos cubriendo el rostro, las lágrimas contendo por entre los dedos. Ella no lo deja salir, le hace señas para que continue. El da la vuelta y vtine a colocarse a su lado, esperando que ella parta. No puede dejarla así, en medio de la ciudad. Sabe que ella está a la espera que él salga para darte la última caricia, la que haría todo aún más peligroso. Sabe lo que ella siente. Saben todo el uno del otro, porque cada uno se construyó a través del otro. Es así hace mucho, sin forzarlo, sin quererlo, basta con que no se nieguen, que existan apenas. A veces, ella le pregunta si todo no será una invención, si acaso no estarán construyendo un mundo de la realidad virtual. Es en la mirada de él que encuentra Ia respuesta: no es esa la realidad del que ama?
Saben tamblén que no se pueden volver a encontrar hoy, por cuanto lo imposible podría suceder: la ruptura con el mundo, los otros, la asunclón definitiva de las soledades que hace anos empezaran a moldear dentro de si. Soledades que podrian transfomarse en una sola, eliminando lo que les resta del Miedo. Lo que ninguno podría hacer solo. Por eso se aman como si todavia fuesen dos personas, se procuran y se huyen. Por eso, sus orgasmos no son simultâneos por cuanto quieren regalar al otro lo que de él es para que lo sienta como una ofrenda en la plenltud de su conciencla - de otro.
Cuando ella inicia la marcha, la sigue para hacer con ella una parte del camino, la parte inicial en que todo se juega. No la pasa, no la quiere ver, para no ver su propio sufrimiento. Le basta seguir en la mirada de los transeuntes con quienes se cruzar para saber que ella continua llorando - por ella, por él, por ellos tan violentamente partiéndose en dos. Y eso le da fuerza, la fuerza de quien la quiere proteger: no admite que nadie entre en su privacidad, que de ella se apiade o sospeche - pues seria entrar dentro del mundo que construyeron apenas para si. Si lo preservarán, estarán salvos.
Intenta no perderla en medio del tráfico. Mientras la tiene próximo, estará protegido de la tentación de este viaje sin retomo al mundo interior de la locura - en el que un dia se sumergirá. Vórtice y pavor. La Fuerza actuando en contra de si misma, en dinâmica de autodestrucción. Pero, no será esta nostalgia la puerta que se entreabre para el reino de la destrucción?
Cuando los caminos comienzan a apartarse él acelera, se coloca al lado de ella. Y es entonces que ve su sonrisa, solo para él, sin necesidad de mirarlo - esperanza resurgiendo al final de la tarde, al final de la vida de tanta tristeza. Por vía de él, por via de esta sonrlsa se recreará la presencia de ella, por todos estos dias en que no la verá, en que no escuchará su voz. La fuerza que ella le da también será su fuerza por que sabe que él la recibió. Milagro de la presencia en el Interior de la relación.
Pero, hasta cuándo, Dios mio, hasta cuándo serán ellos sus propios Dioses? Hasta cuándo tendrán que arrastrar la cruz de su propia deificación?
(Albano Estrela, O Tríptico da paixão e do tempo, Lisboa, 1995)